Category Archives: Post Tally

Las puertas del tiempo P 72

Apareces en una nueva biblioteca. Por una ventana ves un faro y el mar, las paredes están llenas de papiros enrollados. Una mujer te mira y sonríe.

Pone ante tí dos papiros cuidadosamente.

Si eliges Julio César, ve a…

Las puertas del tiempo P 53


Si eliges Marco Antonio, ve a…

Las puertas del tiempo P 78

Las puertas del tiempo P 58

De repente todo a tu alrededor es estruendo, gritos y resonar de metales. No consigues ver nada con claridad, una espesa nube de polvo te rodea. En unos pocos segundos te das cuenta de que estás en medio de una batalla.

Uno de los bandos usa elefantes y leones amaestrados, el otro es de hombres a caballo, con largas lanzas y cubiertos por cotas de malla. Algo salió muy mal en tu última elección.

Alrededor el mundo parece el mismo, cielo azul, campos y pájaros, y una luna en cuarto menguante que palidece en la luz del amanecer. Miras a los hombres que luchan y no comprendes por qué lo hacen.

Un guerrero a caballo te ha visto y se dirige galopando hacia ti. Te apunta con la lanza y no te cabe duda de sus intenciones.

Un momento antes de que te alcance, comprendes que nunca volverás a tu casa y que la guerra es, realmente,

Volver a empezar…

Las Puertas del Tiempo

Las puertas del tiempo P 53

Cada vez con más desconcierto, sin entender lo que ocurre, te encuentras de repente al aire libre. Frente a tí hay una espada clavada en el suelo;

A lo lejos ves un círculo de piedras que te resulta familiar. ¿Lo has visto antes en fotografías? Ese lugar sagrado para los druidas de Inglaterra, ¿cómo se llamaba? ¿Stonehenge? En esas piedras hay inscripciones, letras grabadas como en un libro gigantesco que quizá puedas leer.

Aunque, por otro lado, aquí está la espada, mucho más cerca, brillando y como llamándote. Incluso puede ser Excalibur y darte un gran poder. Dudas un momento entre la espada y las piedras…

Si eliges el círculo de piedra, ve a…

Las puertas del tiempo P 128


Si eliges tomar la espada, ve a…

Las puertas del tiempo P 133

El secreto de la Tumba Ergonatra 20

Decides arriesgarte por realizar el mayor esfuerzo en el menor tiempo, tienes prisa y no puedes darte el lujo de preparaciones o procedimientos complejos, además que la desesperación por salir te hacen olvidar medidas básicas de cuidado a tu propia salud.

La carga es más pesada de lo que aparentaba, y el impacto sobre tu espalda es mayor, sientes que algo no anda bien, pero decides ignorarlo hasta que resuelvas el problema a la mano; cuando finalmente la puerta se abre, sientes los primeros síntomas que confirman tus sospechas, dolor, hormigueo y entumecimiento en tus brazos, cuello, hombros, espalda, en fin, en la mayoría de tu cuerpo. Te sientes débil y se te dificulta moverte, pero debes continuar, es posible que por fin puedas salir.

En el siguiente cuarto, ya no te encuentras con más pruebas tortuosas y engaños, si no con la mismísima cámara mortuoria, frente a ti se encuentra el sarcófago de Ergonatra, la retorcida regente que colocó todos esos obstáculos para probarte, y por fin los has superado, pero, ¿Realmente fue la mejor manera de hacerlo? Con ansias, te acercas a su lugar de descanso, en el cofre hay unas extrañas inscripciones, y no pierdes tiempo en leerlas.

Ves más de esos símbolos de personas heridas y en sufrimiento, reconoces algunos, otros no, debajo de ellos ves unas inscripciones:

Tras leer en voz alta las palabras de Ergonatra, retrocedes, el miedo y la realización invaden tus pensamientos, sabes de qué habla, sabes lo que te provocaste y entre tu conmoción, escuchas una voz, que no es tuya, femenina y severa:

En una pared encuentras un acceso, uno que lleva a otro cuarto, más pruebas, más torturas, has decidido mal y ahora sólo te queda vagar hasta el final de tus días, esperando encontrar una prueba que te ayude a salir sin aumentar tu dolor…

El secreto de la Tumba Ergonatra 19

Decides arriesgarte por realizar el mayor esfuerzo en el menor tiempo, tienes prisa y no puedes darte el lujo de preparaciones o procedimientos complejos, lo más directo mejor.

Sin embargo, descubres que la carga era más pesada de lo que aparentaba, ya te lo imaginabas, pero no te habías preparado para lidiar con tanto peso, y con dificultad logras levantarlo y cuando por fin la puerta se abre para ti, sientes las consecuencias, un cierto hormigueo en las piernas, espasmos y debilidad muscular e inclusive un cierto dolor gradual en el torso, sabes que algo anda mal, pero decides continuar, ignorando el hecho de que ahora se te dificulta caminar.

En el siguiente cuarto, ya no te encuentras con más pruebas tortuosas y engaños, si no con la mismísima cámara mortuoria, frente a ti se encuentra el sarcófago de Ergonatra, la retorcida regente que colocó todos esos obstáculos para probarte, y por fin los has superado, pero, ¿Realmente fue la mejor manera de hacerlo? Con ansias, te acercas a su lugar de descanso, en el cofre hay unas extrañas inscripciones, y no pierdes tiempo en leerlas.

Ves más de esos símbolos de personas heridas y en sufrimiento, reconoces algunos, otros no, debajo de ellos ves unas inscripciones:

Tras leer en voz alta las palabras de Ergonatra, retrocedes, el miedo y la realización invaden tus pensamientos, sabes de qué habla, sabes lo que te provocaste y entre tu conmoción, escuchas una voz, que no es tuya, femenina y severa:

Lo único que te queda es un hueco en la pared, por donde el sol se cuela, seguramente la ventilación de la pirámide, tu vía de escape, ¿Pero podrás lograr tomarla? Tiene escalones muy altos que exigen que trepes, lo cual no te ocasiona tantos problemas. No, lo malo es cuando llegas a la parte donde has de arrastrarte por un espacio confinado y restringido, por lo que decides regresarte y buscar otra ruta.

En una pared encuentras otro acceso, uno que lleva a otro cuarto, más pruebas, más torturas, has decidido mal y ahora sólo te queda vagar hasta el final de tus días, esperando encontrar una prueba que te ayude a salir sin aumentar tu dolor…

El secreto de la Tumba Ergonatra 18

Eliges la opción que exige un esfuerzo mayor de tus vértebras, por su naturaleza atlética, y sin haberte preparado para ello, inclusive tu condición física no es tan buena como para considerar realizar la tarea sin esperar una lesión.

Además, lesiones previas y el cansancio se han acumulado, te sientes con pesadez, como si hubieras envejecido unos cuantos años más durante ésta travesía, tu columna ya no es tan flexible y sientes cómo algo se desacomoda allá atrás y un leve tronido te dice que algo está mal.

Lograste abrir la puerta tras muchos tortuosos intentos, ahora tu espalda baja duele, las piernas y el cuello también resienten la incomodidad y hasta caminar te parece difícil, por el adormecimiento y debilidad que recorre tu parte baja. Pero ya no importa, piensas, mientras continúas tu camino hacia el nuevo cuarto que frente a ti se ha abierto.

En el siguiente cuarto, ya no te encuentras con más pruebas tortuosas y engaños, si no con la mismísima cámara mortuoria, frente a ti se encuentra el sarcófago de Ergonatra, la retorcida regente que colocó todos esos obstáculos para probarte, y por fin los has superado, pero, ¿Realmente fue la mejor manera de hacerlo? Con ansias, te acercas a su lugar de descanso, en el cofre hay unas extrañas inscripciones, y no pierdes tiempo en leerlas.

Ves más de esos símbolos de personas heridas y en sufrimiento, reconoces algunos, otros no, debajo de ellos ves unas inscripciones:

Tras leer en voz alta las palabras de Ergonatra, retrocedes, el miedo y la realización invaden tus pensamientos, sabes de qué habla, sabes lo que te provocaste y entre tu conmoción, escuchas una voz, que no es tuya, femenina y severa:

Lo único que te queda es un hueco en la pared, por donde el sol se cuela, seguramente la ventilación de la pirámide, tu vía de escape, ¿Pero podrás lograr tomarla? Tiene escalones muy altos que exigen que trepes, lo cual no te ocasiona tantos problemas. No, lo malo es cuando llegas a la parte donde has de arrastrarte por un espacio confinado y restringido, por lo que decides regresarte y buscar otra ruta.

En una pared encuentras otro acceso, uno que lleva a otro cuarto, más pruebas, más torturas, has decidido mal y ahora sólo te queda vagar hasta el final de tus días, esperando encontrar una prueba que te ayude a salir sin aumentar tu dolor…

El secreto de la Tumba Ergonatra 17

Tu selección es la que exige menos esfuerzo corporal, cuidando que la actividad se realice de la manera más natural conforme a la biomecánica y tu capacidad física, tampoco es haber elegido la opción más fácil por flojera o comodidad, es simple lógica:

Tu filosofía es excepcionalmente válida, tomando en cuenta previas experiencias y lo difícil que se torna algo que parecía fácil, exigirse más es bueno, pero también prepararse para ello, un poco de fisioterapia puede mitigar tus dolencias y ayudarte a prevenirlas en un futuro.

Así, logras superar una prueba más, sin aumentar o añadir más dolor a tu cansado ser, y cuando cruzas al siguiente cuarto, ya no te encuentras con más pruebas tortuosas y engaños, si no con la mismísima cámara mortuoria, frente a ti se encuentra el sarcófago de Ergonatra, la retorcida regente que colocó todos esos obstáculos para probarte, y por fin los has superado, al estar aquí, sientes que todo valió la pena.

Con ansias, te acercas a su lugar de descanso, en el cofre hay unas extrañas inscripciones, y no pierdes tiempo en leerlas.

Tras leer en voz alta las palabras de Ergonatra, te acercas más al sarcófago, te sientes bien, saludable y con mucha energía, quizá pudieras investigar el lugar… pero es mejor traer ayuda, la has tenido bien por ahora, es mejor no tentar la suerte.

Una femenina voz, cálida y reconfortante te saca de tus pensamientos:

Sonríes, pues sabes que aunque no pudieras llevarte ninguna riqueza por ahora, al menos has ganado el tesoro del saber.
Ahora lo único que te queda es un hueco en la pared, por donde el sol se cuela, seguramente la ventilación de la pirámide, tu vía de escape, ¿Pero podrás lograr tomarla? Por supuesto que sí, estás en buena forma, saludable y con fuerza, ya sólo queda un pequeño esfuerzo más.

Trepas y te arrastras por el hueco, la luz se intensifica y con ella, tus esperanzas, estás cada vez más cerca de terminar esta travesía, y al llegar afuera, tu equipo te encuentra y te reciben con acogimiento:

—————————————————————————–

Antes de irse, no olviden visitar ésta página

para responder unos simples y divertidos cuestionarios, y si están de humor, compartan sus resultados en los comentarios ;D
Chaozz!

El secreto de la Tumba Ergonatra 16

Piensas que es mejor dejar todo el esfuerzo a la muñeca, por lo que tomas lo debido y comienzas la siguiente prueba, con seguridad de que triunfarás, sólo necesitas dejar que la mano haga el trabajo, doblándola, girándola, estirando el tendón.

Sientes cómo se va construyendo el entumecimiento, debilitando tus músculos, un cosquilleo incipiente recorriendo desde tu mano hasta el codo, pero no hay más dolor, al contrario, como si ya no sintieras más.

Finalmente, logras abrir la puerta y avanzar hacia el siguiente cuarto, mientras notas una extraña hinchazón, dura y redonda en la muñeca, parece como si el hueso hubiera crecido y al mover la mano, un agudo dolor te invade el área, por lo que decides inmovilizar tus manos, seguramente mejorará, sólo tienes que esperar.

En el siguiente cuarto, ya no te encuentras con más pruebas tortuosas y engaños, si no con la mismísima cámara mortuoria, frente a ti se encuentra el sarcófago de Ergonatra, la retorcida regente que colocó todos esos obstáculos para probarte, y por fin los has superado, pero, ¿Realmente fue la mejor manera de hacerlo? Con ansias, te acercas a su lugar de descanso, en el cofre hay unas extrañas inscripciones, y no pierdes tiempo en leerlas.

Ves más de esos símbolos de personas heridas y en sufrimiento, reconoces algunos, otros no, debajo de ellos ves unas inscripciones:

Tras leer en voz alta las palabras de Ergonatra, retrocedes, el miedo y la realización invaden tus pensamientos, sabes de qué habla, sabes lo que te provocaste y entre tu conmoción, escuchas una voz, que no es tuya, femenina y severa:

Lo único que te queda es un hueco en la pared, por donde el sol se cuela, seguramente la ventilación de la pirámide, tu vía de escape, ¿Pero podrás lograr tomarla? Tiene escalones muy altos que exigen que trepes, que uses tus brazos, y eso te hace dudar. Sin embargo, en una pared encuentras otro acceso, uno que lleva a otro cuarto, más pruebas, más torturas.

Has decidido mal y ahora sólo te queda vagar hasta el final de tus días, esperando encontrar una prueba que te ayude a salir sin aumentar tu dolor…

El secreto de la Tumba Ergonatra 15

Has elegido usar tu brazo sin doblar el codo, pero sin el calentamiento debido antes, pues no lo consideras necesario para sólo abrir una puerta, además, podrías morir de hambre aquí dentro:

Como es costumbre ya, abrir dicha puerta requiere muchas repeticiones y a pesar de que es sólo esfuerzo del músculo bíceps, el dolor se intensifica y aquello que creíste divertido, ejercitante, descubres pronto que no es más que una vil tortura, mientras más lo realizas más te preocupa el daño y cuando por fin se abre la puerta en toda su extensión, dejas tus brazos caer, agotados.

Tus bíceps se sienten inflamados y arden, y el sólo hecho de mover el antebrazo hace que se sientan fatigados, pero eliges dejar las preocupaciones para después, has logrado avanzar y al ver el siguiente cuarto, probablemente valió la pena.

Te encuentras, no con más pruebas tortuosas y engaños, si no con la mismísima cámara mortuoria, frente a ti se encuentra el sarcófago de Ergonatra, la retorcida regente que colocó todos esos obstáculos para probarte, y por fin los has superado, pero, ¿Realmente fue la mejor manera de hacerlo? Con ansias, te acercas a su lugar de descanso, en el cofre hay unas extrañas inscripciones debajo de más símbolos de personas heridas y en sufrimiento, reconoces algunos, otros no, pero puedes leer:

Tras leer en voz alta las palabras de Ergonatra, retrocedes, el miedo y la realización invaden tus pensamientos, sabes de qué habla, sabes lo que te provocaste y entre tu conmoción, escuchas una voz, que no es tuya, femenina y severa:

Lo único que te queda es un hueco en la pared, por donde el sol se cuela, seguramente la ventilación de la pirámide, tu vía de escape, ¿Pero podrás lograr tomarla? Tiene escalones muy altos que exigen que trepes, que uses tus brazos, y eso te hace dudar. Sin embargo, en una pared encuentras otro acceso, uno que lleva a otro cuarto, más pruebas, más torturas.
Has decidido mal y ahora sólo te queda vagar hasta el final de tus días, esperando encontrar una prueba que te ayude a salir sin aumentar tu dolor.

El secreto de la Tumba Ergonatra 14

Tu decisión ha sido tomada, preparas tus brazos para la tarea escogida y comienzas a operar resintiendo el esfuerzo en tus codos, ofreciendo resistencia para lograr tu objetivo, doblándose, girándose, realizando su deber, aún a pesar de que se sienten tan débiles, quizá debiste al menos haber hecho calentamiento…

El cansancio acumulado en tus brazos aumenta, haciéndote lamentar la decisión de escoger esta vía, pero ya es muy tarde, la puerta se está abriendo y las otras opciones se han bloqueado en cuanto comenzaste a tener un avance, no hay vuelta atrás ahora, sólo te queda aguantar y terminar lo que empezaste.

Para cuando terminas, tus brazos se sienten pesados, intentas doblarlos por los codos y un dolor punzante invade la parte externa del hueso, el sólo cerrar las manos te causa rigidez, pero decides ignorarlo, después de todo, has logrado avanzar y al ver el siguiente cuarto, probablemente valió la pena.

Te encuentras, no con más pruebas tortuosas y engaños, si no con la mismísima cámara mortuoria, frente a ti se encuentra el sarcófago de Ergonatra, la retorcida regente que colocó todos esos obstáculos para probarte, y por fin los has superado, pero, ¿Realmente fue la mejor manera de hacerlo?

Con ansias, te acercas a su lugar de descanso, en el cofre hay unas extrañas inscripciones, y no pierdes tiempo en leerlas. Ves más de esos símbolos de personas heridas y en sufrimiento, reconoces algunos, otros no, debajo de ellos ves unas inscripciones:

Tras leer en voz alta las palabras de Ergonatra, retrocedes, el miedo y la realización invaden tus pensamientos, sabes de qué habla, sabes lo que te provocaste y entre tu conmoción, escuchas una voz, que no es tuya, femenina y severa:

Lo único que te queda es un hueco en la pared, por donde el sol se cuela, seguramente la ventilación de la pirámide, tu vía de escape, ¿Pero podrás lograr tomarla? Tiene escalones muy altos que exigen que trepes, que uses tus brazos, y eso te hace dudar. Sin embargo, en una pared encuentras otro acceso, uno que lleva a otro cuarto, más pruebas, más torturas.
Has decidido mal y ahora sólo te queda vagar hasta el final de tus días, esperando encontrar una prueba que te ayude a salir sin aumentar tu dolor…