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Las puertas del tiempo P 39

Sin entender nada, miras a tu alrededor. Estás en un pasillo con una puerta a cada lado. Te preguntas donde estás, y honestamente no tienes la menor idea.

Miras las puertas. Una tiene pegado un papel de apariencia rara, que parece estar escrito en chino: la otra no tiene nada. Sea lo que sea, lo que te ocurre inició con un libro, y ¿no fueron los chinos los que inventaron el papel? Por otro lado, la puerta que no dice nada puede ser la salida de esta pesadilla.

Puerta escrita o puerta vacía. Sientes que comienzas a hartarte de la escritura: libros, tareas, exámenes y ahora esto. ¡Es el colmo! Tienes que tomar una decisión.

Si eliges la puerta escrita, ve a…

Las puertas del tiempo P 72


Si eliges la puerta vacía, ve a…

Las puertas del tiempo P 98

Las puertas del tiempo P 94

Hay un destello que te ciega momentáneamente y un leve mareo. Te frotas los ojos y comprendes que tu elección no fue la más inteligente. Estás en un lugar completamente oscuro, pareces estar flotando en el aire y frente a ti hay una gigantesca figura, una mujer que parece brillar con luz propia y con una gran espada en las manos.

El horror te paraliza cuando escuchas su voz retumbante:

Mientras la enorme espada desciende sobre ti, piensas en todo lo que pudiste haber aprendido y alcanzas a escuchar su última palabra:

Volver a empezar…

Las Puertas del Tiempo

El secreto de la Tumba Ergonatra 8

Te decides por intentar las cuerdas, no parecen tan difíciles de manipular, excepto por la postura extraña en que lo haces, con los brazos a los lados y los codos doblándose hacia arriba.

Como en pruebas anteriores, descubres que se requieren varios intentos y al poco rato, se te cansan los hombros, así que optas por bajar los codos y para el final terminas echando todo el peso de tu cuerpo a un lado y al otro, manteniendo los brazos pegados a tu torso.

Tras agonizantes minutos que parecen horas, la puerta se abre por completo y tus brazos quedan colgantes a los lados, sientes una hinchazón extraña en el tendón del codo a la mano y un entumecimiento que le recorre:

Lo ignoras y continuas, leyendo la nueva inscripción en el siguiente cuarto:

Hay 3 puertas, pero una sola prueba, aunque su naturaleza es algo extravagante comparada con las demás; consistente de dos discos grandes, con dos manivelas, una en la orilla y otra a medio radio, y en el centro una perilla.

Puedes manipular la perilla, utilizando solamente la mano desde la muñeca, pero eso aumenta la incomodidad y causa dolor en la articulación.

También puedes girar la manivela en la mitad, usando el antebrazo solamente, ocasionando malestar en el codo.

Finalmente pruebas la manivela de la orilla, la cual hace que ambos brazos se muevan desde el hombro en círculos grandes.

Sopesando tus opciones y sus efectos, debes escoger el mejor curso de acción.

• Si te parece mejor la manivela en la mitad, avanza a la página…

El secreto de la Tumba Ergonatra 14


• Si te decides por la perilla central, ve a la página…

El secreto de la Tumba Ergonatra 16


• Si piensas que es mejor la manivela de la orilla, continúa a la página…

El secreto de la Tumba Ergonatra 17

El secreto de la Tumba Ergonatra 7

Eliges el compás de hierro, su construcción atípica de la época que debería ser, pero decides ignorar ese hecho y dedicarte a lo tuyo, apoyándote sobre ella, dejando todo tu peso caer y llevar tus brazos a estirarse y abrir las patitas metálicas lenta y tortuosamente, el dolor invade tus codos, la articulación perdiendo fuerza, pero piensas:

Finalmente, la puerta cede con un retumbo y se abre frente a ti, la determinación te invade y continúas, leyendo la escritura en el arco de la puerta:

Las palabras hacen eco en tu mente mientras te sobas los brazos, aunque ciertamente no basta para mitigar el dolor punzante en ellos, por lo que decides ignorarlo y continuar explorando el lugar.

Frente a ti hay 3 puertas más, pero sólo una máquina, similar a una de esas empleadas en gimnasios para levantar pesas, con un par de asas enormes fácilmente manipulables por tus manos, pero dependiendo de cómo te coloques es la dirección en que podrás moverlas.

Te paras de espaldas a la puerta frontal y las puedes jalar hacia abajo como si fueran una palanca, pero resientes el dolor en tus brazos.
Intentas pararte de cara a la puerta y ves que puedes separarlas con los brazos abriéndose hacia afuera, y eso también te causa dolor.

Pensando en evitar el dolor, intentas pensar otro modo de manipularlas, y notas que hay un agujero en el suelo, donde podrías meter tu antorcha, pues encaja perfectamente, lo haces y compruebas que ahora puedes manipularlas hacia adentro.
Pensando tus opciones, realmente no ves mucha diferencia entre una y otra, pero quizá la misma naturaleza de la actividad te pueda dar algo de luz sobre ello:

Ya sabes de qué van las trampas, una vez más, todo queda entre el coraje o el esfuerzo.

• Si quieres darle la espalda a la puerta y empujar las asas hacia abajo, ve a la página…

El secreto de la Tumba Ergonatra 14


• Si eliges pararte de cara a la puerta y separar las asas, avanza hacia a la página…

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• Si piensas que es mejor manipular las asas hacia adentro, continúa a la página…

El secreto de la Tumba Ergonatra 17

El secreto de la Tumba Ergonatra 6

Te decides por el timón de barco y comienzas a bajar la palanca, hasta llegar al suelo, luego la sueltas y vuelve hacia arriba por algún mecanismo desconocido, pero la puerta ni siquiera ha empezado a moverse y ya resientes el dolor en tu espalda baja y hombros, esto tomará un buen tiempo. Continúas tu labor y pierdes la cuenta de veces y la noción del tiempo, el esfuerzo te va causando dolor de cuello, cada vez que bajas sientes que tu columna se desalinea y para empeorar la situación, la palanca se vuelve más difícil de bajar, como si el mecanismo se endureciera, pero al fin, tras mucho sufrir, la puerta se abre con un

¡Lo has conseguido! ¿Pero a qué precio?

Entras al siguiente cuarto, marcado por un jeroglífico de alguien con un brazo apoyado en su espalda como si le doliera, con el cual te identificas y sobre el que hay otra inscripción:

Un mensaje críptico que comienza a tener sentido.

Te encuentras con nuevas trampas y no pierdes tiempo, ya sabes qué hacer: identificas las tres puertas replicando las anteriores y junto a cada una hay un aparato extraño, procedes a examinarlos.En la izquierda hay un asiento curioso, con 3 botones en el respaldo, uno abajo donde iría la espalda baja, otro en medio coincidiendo con los omóplatos y uno más tras la posición de la cabeza; es muy sospechosa su distribución y más o menos puedes imaginarte de qué va la cosa:

Pasas a la de en medio, enfrente de la puerta y en apariencia sencilla, hay una máquina que consiste de una sola cuerda que pende del techo y tiene un asa como canasta suficientemente grande como para que todo tu cuerpo pase a través para recargarte en ella y jalarla, pero toma todo tu peso para hacerlo y tu espalda resiente el esfuerzo:

En la derecha hay un ancho y profundo agujero, parece que tu cuerpo cabría en él, si te deslizaras dentro, pero la desconfianza es lógica:

Comienzas a sentir la claustrofobia por venir, ¿Pero qué opción es mejor entonces? Una vez más, todo queda entre el coraje o el esfuerzo.

• Si te apetece un aparente descanso en el asiento, ve a la página…

El secreto de la Tumba Ergonatra 10


• Si te atrae más colgarte del techo con una cuerda, avanza hacia la página….

El secreto de la Tumba Ergonatra 11


• Si puedes aceptar el reto del hueco, deslízate hacia la página…

El secreto de la Tumba Ergonatra 13

El secreto de la Tumba Ergonatra 5

El mejor curso de acción será la rueda de carreta, piensas:

Tomas la rueda con los brazos juntos, pero no logras darle vuelta, por lo que te ves en la necesidad de separar más los brazos y girarla desde los codos. Poco a poco se va moviendo, oxidada y envejecida ha de estar hinchada. Logras darle una vuelta y ya resientes ese esfuerzo en tus codos, sólo es un poco de dolor, y peor, la puerta ni siquiera se ha movido, esto te tomará un buen tiempo. Más vueltas y pasan los minutos, el dolor se acumula, pero al menos la rueda está cediendo lenta pero segura.

Pierdes la noción del tiempo y tus brazos se sienten desfallecer, cada nuevo giro es una pequeña tortura que se va acumulando, y cuando estás a punto de rendirte, das un último empujón y…

¡Lo has conseguido! ¿Pero a qué precio?

En el siguiente cuarto, marcado por un jeroglífico de alguien con un brazo deforme, por el cual sientes cierta empatía y sobre el que hay otra inscripción: “Trabajar por tus metas de nada sirve si sacrificas tu capacidad de manipular tu destino”, un mensaje críptico que comienza a tener sentido. Te encuentras con nuevas trampas y no pierdes tiempo: identificas las tres puertas replicando las anteriores y junto a cada una hay un aparato extraño, procedes a examinarlos.

Revisas la que está a tu derecha, encuentras un aparato de hierro extraño en forma de compás sostenido con un palo por encima y con un resorte en medio uniendo sus patitas inferiores, sobre las cuales puedes apoyar tus brazos y ejercer presión para separarlas, aunque eso hace que el dolor a tus brazos vuelva.

Pasas a la de en medio, enfrente de la puerta y consistente de dos postes con un par de cuerdas saliendo de ellos, te colocas en medio y jalas una, notando cómo la otra se encoje en el otro palo, y viceversa, pero una vez más involucra un esfuerzo para tus brazos, y en una postura inadecuada, cabe agregar.
En la izquierda hay dos agujeros, compruebas fácilmente que tus brazos podrían entrar en ellos, pero desconfías en probarlo:

Aún así, comparado al resto es relativamente sencillo.

Ya sabes de qué van las trampas, una vez más, todo queda entre el coraje o el esfuerzo.

• Si te parece usar el compás de hierro, ve a la página…

El secreto de la Tumba Ergonatra 7


• Si te agradan más los postes con cuerdas, avanza hacia la página…

El secreto de la Tumba Ergonatra 8


• Si decides atreverte a meter tus brazos en la pared, arriésgate a ir a la página…

El secreto de la Tumba Ergonatra 12

Las puertas del tiempo P 50

Tras unos minutos de hojear el libro, te das cuenta de que algo ocurre con las letras y las imágenes. Ya no entiendes lo que estás leyendo. Sientes que te mareas y que el libro ya no está frente a tí: Ahora te rodea por todas partes.

Frente a tí ves tres puertas. Una dice

Otra dice

La tercera dice

No hay otra salida. Tienes que elegir una.

Si eliges “Vuelve”, ve a…

Las puertas del tiempo P 39


Si eliges “Sigue”, ve a…

Las puertas del tiempo P 104


Si eliges “El misterio más grande”, ve a…

Las puertas del tiempo P 58

El secreto de la Tumba Ergonatra 4

Te diriges al botón sobre el suelo, pensando con resignación:

Pero no lo miras con temor, simplemente aceptas tu destino. Tras unos segundos el suelo comienza a temblar e instintivamente te acurrucas en tu lugar:
Tras unos segundos más de temblor, no sientes el dolor de morir aplastado, de hecho, te sientes normal, por lo que abres tus ojos y ves una brecha en la oscuridad, retomas tu antorcha y buscas en la pared frontal… ¡La puerta se abrió! Dándote paso a otra habitación marcada por un jeroglífico de una persona con los brazos elevados y la espalda bien recta como si celebrara algo, además te encuentras un cambio, 5 puertas.

La que está a tu derecha, posee un aparato de hierro extraño en forma de compás sostenido con un palo por encima y con un resorte en medio uniendo sus patitas inferiores, sobre las cuales puedes apoyar tus brazos y ejercer presión para separarlas, aunque eso provoca cierta incomodidad sobre tus brazos. A lado de esa hay otra, la cual tiene enfrente postes con un par de cuerdas saliendo de ellos, te colocas en medio y jalas una, notando cómo la otra se encoje en el otro palo, y viceversa, pero una vez más involucra un esfuerzo para tus brazos, y en una postura inadecuada, cabe agregar.

En la central hay un pozo enfrente de la puerta, oscuro y no distingues el fondo, pero tiene angostos escalones para bajar y luego subir de vuelta, puede que no sea tan malo como parece, pero siempre conviene desconfiar

Siguiendo a la derecha hay un asiento, con 3 botones en el respaldo, uno abajo, otro en medio y uno más arriba, coincidiendo con la cadera, omóplatos y cabeza si te sentaras ahí, sugiriendo el modo de activarlos. Pasas a la de en medio, enfrente de la puerta hay sola cuerda que cuelga del techo y tiene un asa como canasta suficientemente grande como para que todo tu cuerpo pase a través para recargarte en ella y jalarla, pero toma todo tu peso para hacerlo y tu espalda resiente el esfuerzo:

Ahora toca decidir, todo queda entre el coraje o el esfuerzo.

• Si te parece usar el compás de hierro, ve a la página…

El secreto de la Tumba Ergonatra 7


• Si te agradan más los postes con cuerdas, avanza hacia la página…

El secreto de la Tumba Ergonatra 8


• Si decides atreverte a bajar al pozo, desciende a la página…

El secreto de la Tumba Ergonatra 9


• Si te apetece un aparente descanso en el asiento, ve a la página…

El secreto de la Tumba Ergonatra 10


• Si te atrae más colgarte del techo con una cuerda, avanza hacia la página…

El secreto de la Tumba Ergonatra 11

El secreto de la Tumba Ergonatra 3

Te acercas a la mesa donde te ocultaste previamente, recargándote en ella y cavilando tus Te acercas a la mesa donde te ocultaste previamente, recargándote en ella y cavilando tus opciones, si es que acaso tienes alguna, tratando de no perder la cabeza por la locura del encierro y el aislamiento, Ergonatra lo ha dicho, hay pruebas:

Tu mano juguetea con la superficie de la mesa y notas algo inusual en ella, al darte la vuelta, notas que en realidad no es una mesa como tal, es una superficie con un palo como eje que lleva hasta el techo y atraviesa una gran rueda como de carreta elevada a la altura de tus hombros.
La intriga te lleva a probar si gira, y para tu sorpresa, lo hace, pero el esfuerzo es mucho al estar tan arriba y seguramente por lo viejo del aparato y te ha provocado un leve dolor en los brazos, pero desaparece tan rápido como apareció.

Sin embargo, moverlo provocó que una de las tres puertas hiciera un ruido, como de bisagras rechinando o engranajes deslizándose entre sí. Además, junto a esa mesa hay otra rueda, similar a un timón de barco que sale a medias de la pared y al bajar uno de sus palos salientes saca la misma reacción, pero de la puerta al frente a la primera. Aunque bajar dicho palo es una molestia, pues tienes que utilizar todo tu cuerpo y llevarlo hasta el piso, básicamente sentándote en cuclillas, notas cómo la espalda resiente el esfuerzo, pero es leve y no te preocupa demasiado.

Por último, encuentras una superficie elevada al otro lado de la mesa, pero decides no intentar pararte en ella, por temor a que sea otra de esas trampas ocultas y seguramente en esta ocasión será algo peor, como que las paredes se cierren a los lados y el techo baje para aplastarte en vida.

Tienes tres opciones, debes pensar bien cuál elegirás.

• Si quieres arriesgarte a oprimir el botón del suelo, atrévete a ir a la página…

El secreto de la Tumba Ergonatra 4


• Si escoges la rueda de carreta, ve a la página…

El secreto de la Tumba Ergonatra 5


• Si te parece mejor opción el timón de barco, avanza hacia la página…

El secreto de la Tumba Ergonatra 6

El secreto de la Tumba Ergonatra 2

En la primera cámara encuentras una palanca sospechosa y una inscripción junto a ella, que dice:

Como persona de ciencia que eres, te ríes ante la idea de un tesoro:

Pero ahora sabes qué te espera adelante, pruebas, trampas, quizá algún peligro mortal.

La curiosidad te lleva a cruzar la primera puerta, las ansias de averiguar qué hay más allá nublan tu razón y cruzas a la siguiente cámara, pero te das cuenta que probablemente necesites la ayuda de otros para desactivar las trampas, no es bueno jugar al héroe solitario.

Cuando te das la vuelta ya es muy tarde, has pisado algo en el suelo y se escucha un sonoro

Luego comienza el temblor, piedras caen del techo y sientes que se te viene encima el lugar, por lo que corres a buscar un refugio, y en tu desespero, encuentras una mesa muy rígida y de construcción robusta, bajo la cual te lanzas sin pensarlo dos veces.

El temblor cesa y cuando crees que todo acabó, sales, con temor por lo que encontrarás. El acceso a la superficie fue bloqueado, cubierto de rocas justo como lo encontraste originalmente, seguramente para asegurarse que nadie más entrara detrás del último visitante de la tumba.

Con tu antorcha escaneas el lugar, sólo hay otros tres accesos a la cámara, cada uno bloqueado por una puerta fuertemente cerrada y sin modo de abrirse, al menos no uno obvio, pero tu bien sabes que siempre hay un modo.

Sacudiéndote el polvo, te decides a tomar el reto, sonriendo resignado ante tu propio error:

Hurgando en las paredes, buscando botones ocultos o palancas secretas, te decepcionas al ver que las películas mintieron y tristemente, no sabes qué mas hacer al respecto. 

Te introduces en la tumba…

El secreto de la Tumba Ergonatra 3