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El secreto de la Tumba Ergonatra 4

Te diriges al botón sobre el suelo, pensando con resignación:

Pero no lo miras con temor, simplemente aceptas tu destino. Tras unos segundos el suelo comienza a temblar e instintivamente te acurrucas en tu lugar:
Tras unos segundos más de temblor, no sientes el dolor de morir aplastado, de hecho, te sientes normal, por lo que abres tus ojos y ves una brecha en la oscuridad, retomas tu antorcha y buscas en la pared frontal… ¡La puerta se abrió! Dándote paso a otra habitación marcada por un jeroglífico de una persona con los brazos elevados y la espalda bien recta como si celebrara algo, además te encuentras un cambio, 5 puertas.

La que está a tu derecha, posee un aparato de hierro extraño en forma de compás sostenido con un palo por encima y con un resorte en medio uniendo sus patitas inferiores, sobre las cuales puedes apoyar tus brazos y ejercer presión para separarlas, aunque eso provoca cierta incomodidad sobre tus brazos. A lado de esa hay otra, la cual tiene enfrente postes con un par de cuerdas saliendo de ellos, te colocas en medio y jalas una, notando cómo la otra se encoje en el otro palo, y viceversa, pero una vez más involucra un esfuerzo para tus brazos, y en una postura inadecuada, cabe agregar.

En la central hay un pozo enfrente de la puerta, oscuro y no distingues el fondo, pero tiene angostos escalones para bajar y luego subir de vuelta, puede que no sea tan malo como parece, pero siempre conviene desconfiar

Siguiendo a la derecha hay un asiento, con 3 botones en el respaldo, uno abajo, otro en medio y uno más arriba, coincidiendo con la cadera, omóplatos y cabeza si te sentaras ahí, sugiriendo el modo de activarlos. Pasas a la de en medio, enfrente de la puerta hay sola cuerda que cuelga del techo y tiene un asa como canasta suficientemente grande como para que todo tu cuerpo pase a través para recargarte en ella y jalarla, pero toma todo tu peso para hacerlo y tu espalda resiente el esfuerzo:

Ahora toca decidir, todo queda entre el coraje o el esfuerzo.

• Si te parece usar el compás de hierro, ve a la página…

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• Si te agradan más los postes con cuerdas, avanza hacia la página…

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• Si decides atreverte a bajar al pozo, desciende a la página…

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• Si te apetece un aparente descanso en el asiento, ve a la página…

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• Si te atrae más colgarte del techo con una cuerda, avanza hacia la página…

El secreto de la Tumba Ergonatra 11

El secreto de la Tumba Ergonatra 3

Te acercas a la mesa donde te ocultaste previamente, recargándote en ella y cavilando tus Te acercas a la mesa donde te ocultaste previamente, recargándote en ella y cavilando tus opciones, si es que acaso tienes alguna, tratando de no perder la cabeza por la locura del encierro y el aislamiento, Ergonatra lo ha dicho, hay pruebas:

Tu mano juguetea con la superficie de la mesa y notas algo inusual en ella, al darte la vuelta, notas que en realidad no es una mesa como tal, es una superficie con un palo como eje que lleva hasta el techo y atraviesa una gran rueda como de carreta elevada a la altura de tus hombros.
La intriga te lleva a probar si gira, y para tu sorpresa, lo hace, pero el esfuerzo es mucho al estar tan arriba y seguramente por lo viejo del aparato y te ha provocado un leve dolor en los brazos, pero desaparece tan rápido como apareció.

Sin embargo, moverlo provocó que una de las tres puertas hiciera un ruido, como de bisagras rechinando o engranajes deslizándose entre sí. Además, junto a esa mesa hay otra rueda, similar a un timón de barco que sale a medias de la pared y al bajar uno de sus palos salientes saca la misma reacción, pero de la puerta al frente a la primera. Aunque bajar dicho palo es una molestia, pues tienes que utilizar todo tu cuerpo y llevarlo hasta el piso, básicamente sentándote en cuclillas, notas cómo la espalda resiente el esfuerzo, pero es leve y no te preocupa demasiado.

Por último, encuentras una superficie elevada al otro lado de la mesa, pero decides no intentar pararte en ella, por temor a que sea otra de esas trampas ocultas y seguramente en esta ocasión será algo peor, como que las paredes se cierren a los lados y el techo baje para aplastarte en vida.

Tienes tres opciones, debes pensar bien cuál elegirás.

• Si quieres arriesgarte a oprimir el botón del suelo, atrévete a ir a la página…

El secreto de la Tumba Ergonatra 4


• Si escoges la rueda de carreta, ve a la página…

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• Si te parece mejor opción el timón de barco, avanza hacia la página…

El secreto de la Tumba Ergonatra 6

El secreto de la Tumba Ergonatra 2

En la primera cámara encuentras una palanca sospechosa y una inscripción junto a ella, que dice:

Como persona de ciencia que eres, te ríes ante la idea de un tesoro:

Pero ahora sabes qué te espera adelante, pruebas, trampas, quizá algún peligro mortal.

La curiosidad te lleva a cruzar la primera puerta, las ansias de averiguar qué hay más allá nublan tu razón y cruzas a la siguiente cámara, pero te das cuenta que probablemente necesites la ayuda de otros para desactivar las trampas, no es bueno jugar al héroe solitario.

Cuando te das la vuelta ya es muy tarde, has pisado algo en el suelo y se escucha un sonoro

Luego comienza el temblor, piedras caen del techo y sientes que se te viene encima el lugar, por lo que corres a buscar un refugio, y en tu desespero, encuentras una mesa muy rígida y de construcción robusta, bajo la cual te lanzas sin pensarlo dos veces.

El temblor cesa y cuando crees que todo acabó, sales, con temor por lo que encontrarás. El acceso a la superficie fue bloqueado, cubierto de rocas justo como lo encontraste originalmente, seguramente para asegurarse que nadie más entrara detrás del último visitante de la tumba.

Con tu antorcha escaneas el lugar, sólo hay otros tres accesos a la cámara, cada uno bloqueado por una puerta fuertemente cerrada y sin modo de abrirse, al menos no uno obvio, pero tu bien sabes que siempre hay un modo.

Sacudiéndote el polvo, te decides a tomar el reto, sonriendo resignado ante tu propio error:

Hurgando en las paredes, buscando botones ocultos o palancas secretas, te decepcionas al ver que las películas mintieron y tristemente, no sabes qué mas hacer al respecto. 

Te introduces en la tumba…

El secreto de la Tumba Ergonatra 3

Freedom Wills Books

La historia de una chica perdida en un mundo que no comprende, con ansias de cambiarlo para cumplir sus sueños. La acompañará una serie de amigos, rivales y enemigos, cada uno con su propia agenda por cumplir. Sólo no olvides, la Gran Madre nos ama a todos…

Las puertas del tiempo P 162

Pasas la primera página de la advertencia y recorres el índice del libro. Cada capítulo tiene el nombre de un siglo, como si fuera un texto de historia. Te fijas en el número que lleva el título

y pasas con rapidez hasta esa página. Y ahora sí, más que nunca, te sorprendes. ¡En esa página está tu foto! Allí estás, con la misma ropa que llevas y la misma cara de aburrimiento, abriendo el libro que se llama

Cierras los ojos y apoyas el volumen en la mesa, con manos temblorosas. Esto no puede estarte ocurriendo a ti. Estas cosas no pasan en la vida real. Debes estar soñando. Pero no. Cuando abres los ojos de nuevo ves que no estás soñando, o por lo menos no en tu cama: la biblioteca te rodea, oscura y silenciosa. La misma biblioteca donde todo comenzó.
En tus manos sostienes

Cuidadosamente, regresas el libro a su lugar y sales de allí.
De camino a tu casa, recuerdas todo lo que has visto. Las antiguas bibliotecas, las mujeres y hombres que dedicaron su vida a preservar la sabiduría y la diversión, a echar un poco de luz sobre la ignorancia y la guerra. Y comienzas a entender que quizás todos los libros son puertas del tiempo, y que cada biblioteca está llena de aventuras y conocimiento. Tienes que hacer una nueva elección. Puedes abrir esos libros. O puedes hundirte en el Olvido…

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Las puertas del tiempo P 149

Otra vez cambia el escenario, y la desesperación empieza a invadirte. No estás en tu casa ni en la biblioteca en la que todo comenzó. ¿Cómo saber si has tomado las decisiones correctas? ¿Y si te has equivocado, si ya te perdiste para siempre? Ves dos mesas frente a ti. En una hay una bola de cristal. En la otra un libro.

¿Será una bola mágica que te permita saber lo que ocurre? ¿O hallarás la respuesta en el libro? ¿Cómo te gustaría que alguien te dijera lo que tienes que hacer! Pero no hay nadie más, y debes decidir sin ayuda.

Si eliges “Vuelve”, ve a…

Las puertas del tiempo P 39


Si eliges mirar la bola de cristal, ve a…

Las puertas del tiempo P 112


Si eliges abrir el libro, ve a…

Las puertas del tiempo P 53

Las puertas del tiempo P 133

Mientras contemplas el interminable desierto que te rodea, comprendes que te has equivocado. Frente a ti, en la arena, una enorme serpiente se muerde a sí misma la cola.

Te recuerda algo que leíste alguna vez, el antiguo símbolo de la eternidad. Una voz que parece venir de todas partes te obliga a taparte los oídos, pero aún así la escuchas:

Dice mientras caes al suelo y te enroscas.

Volver a empezar…

Las Puertas del Tiempo

Las puertas del tiempo P 128

Esta vez el cambio no te toma por sorpresa. Crees que has comenzado a entender lo que ocurre y sin dudar te acercas a la mesa que ves frente a ti. Esta vez te hallas en un edificio brillantemente iluminado, aunque no consigues ver ninguna lámpara.

Los libros que te rodean están hechos de algún material que no conoces. Comienzas a sospechar que esta vez has viajado al futuro. Cuando notas que la mesa no tiene patas y flota en el aire aparentemente sin que nada la sostenga, ratificas tu creencia.

Allí está, un libro sobre una pulida superficie; un libro de hojas blancas y brillantes, con una tapa que parece de plata. Lo abres y ves una inscripción en la primera página:

Levantas la mirada y ves por la ventana torres relucientes y, a lo lejos, automóviles volando silenciosamente. Podrías dar una vuelta por ese maravilloso mundo del futuro y luego regresar aquí.

El libro no va a irse a ningún lado, ¿verdad?

Si eliges salir a la calle, ve a…

Las puertas del tiempo P 112


Si eliges leer el libro ahora, ve a…

Las puertas del tiempo P 162

Las puertas del tiempo P 114

Tras un leve mareo, sientes nuevamente tierra firme bajo tus pies. Estás de pie en el centro de una pequeña biblioteca en lo que parece una casa. El suelo es de madera, igual que las paredes, las estanterías y los muebles.

En un rincón hay una pequeña estatua, un busto de mujer encima de un pedestal de piedra. Sobre el busto hay un cuervo que te mira con fijeza.

De repente, abre el pico y, para tu sorpresa, habla.

Dice en un sonoro graznido.

Aunque es bastante atemorizador, tú tienes otras cosas de qué preocuparte. Te diriges a las estanterías y revisas los libros. Hay textos de muchos autores, algunos conocidos y otros de los que ni siquiera has oído hablar. Alguno de ellos, lo sabes, te permitirá continuar tu viaje y, con suerte, volver a tu casa.

Pero, ¿cuál? ¡Hay tantos! Entonces vuelve a graznar el cuervo, y eso te recuerda algo. ¿No había una historia o un poema que hablaba de un cuervo que repetía “nunca más”? ¿De Luis Pazos? ¿De Edgar Allan Poe? No tardas en encontrar a los dos…

Si eliges el libro de Pazos, ve a…

Las puertas del tiempo P 133


Si eliges el libro de Poe, ve a…

Las puertas del tiempo P 149

Las puertas del tiempo P 112

Hay un destello que te ciega durante un momento, y cuando vuelves a ver comprendes sin dudarlo que estás en un lugar poco agradable. ¿Qué es lo que te hizo llegar hasta aquí? ¿La superstición o esa maldita costumbre de hacer las cosas sin pensarlas bien? Como sea, es evidente que te equivocaste.
En este desierto que te rodea hasta el horizonte no tienes ninguna posibilidad de sobrevivir.

Y cuando ves la gigantesca serpiente verde que se retuerce frente a ti mordiéndose la cola, pierdes toda esperanza. Sientes que los ojos se te llenan de lágrimas de frustración y rabia.

¡Pudiste haberlo hecho mejor! Lo sabes. ¡Si hubieras pensado mejor las cosas, si hubieras investigado más o utilizado lo que sabes antes de actuar! Mientras te secas las lágrimas, oyes una voz que viene de todas partes y te habla con amabilidad:

Volver a empezar…

Las Puertas del Tiempo