Capitulo 1 p. 1

En esta ocasion, les traigo un sountrack directo de Last Batallion, basado en una serie de videojuegos bullet hell (Touhou). Están de lujo… In the wake of Scarlet!

Exclamó Janie con gran alegría, brincando y bailando mientras corría enérgicamente por los pasillos.

Habiendo salido de su propia habitación, ya preparada para iniciar el día en un pantalón de mezclilla recogido bajo las rodillas, una camisa de tirantes de talla inferior a la suya y en sus manos los amados guantes personalizados.
Esta vez con la adición de un chaleco tipo gabán verde, que le llegaba hasta la cadera y volaba tras de sí al correr como lo hacía.

Llegó a una habitación diferente, entrando intempestivamente en ella, observando la escena frente a sí, el lugar relucía pulcritud y orden.
Aquello contrastaba con del resto del edificio, que parecía tener meses de descuido acumulado, polvo, hojas y hasta tierra en cada esquina, ventanas opacas y enlodadas y utensilios regados por doquier.

Pero para Janie, nada de eso importaba, ella sólo se enfocó en la cama vacía, bien tendida y silenciosa, tal como ella misma quedó al verla.

-Hoy es mi día, es especial. Retomaré mi vieja rutina de correr todas las mañanas, hasta llegar a la habitación del viejo Zen y brincar sobre su cama, justo así como hago ahora. ¡Qué divertido!.-

-Hoy es mi día, ¡es especial! Y cuando era mi día especial de celebración, le gritaba al oído mientras dormía—

Sin ningún miramiento al orden que gozaba previamente, Janie brincaba sobre la cama, gritando locuaz mientras la desacomodaba y destendía con alegría.

-Recuerdo cuando el pobre se caía de lado, y nuestras risas conjuntas se mezclaban mientras le hacía cosquillas en el suelo-

– Cumplo 20 años, el mismo día que el Güelito Tof nos dejó, en Sekuiyekin, un día frío de principio de ciclo-

Aquella habitación parecía aún ocupada, el polvo ausente, todo en su lugar y nada sobrando.
Janie no parecía apreciar nada de ello que era su propio esfuerzo en mantener la decencia en el lugar, y cuando terminó de desacomodar la cama, una sonrisa maquiavélica atravesó su rostro mientras contemplaba las posibilidades.
Sin dudarlo, se lanzó hacia el tocador impecable donde se puso a voltear portarretratos, revolver papeles y sacar prendas de sus cajones, arrojándolas donde fuera.

– ¡Vendrá por mí! y yo huiré de su venganza…-

Llegada a un jardín lateral, aislado del mundo externo por una enorme barda de ladrillos, Janie se detuvo en su frenética marcha, pensativa.

Se acercó lentamente a un grupo de piedras verticales que se alzaban sobre el césped, cuidando cada paso que daba, moviéndose con cautela respetuosa. Tomó un suspiro audible que terminó en ella sonriendo ampliamente de oreja a oreja; y rompiendo la solemnidad del rito, se puso a brincar sobre la tierra.
Se apoyaba en una lápida en cuyo epitafio se leía:

Viejo Zen, anciano y abuelo, ya no tengo a quién golpear…

-Casi lo olvidaba, esta es tu nueva cama… un vil pozo en el suelo, ya no es lo mismo brincando aquí… –

La chica detuvo su brincoteo sin sentido, alarmada.

Puso un dedo bajo su ojo y jaló su párpado, al tiempo que sacaba la lengua en una actitud de mofa. Riendo aún más, dio media vuelta y echó a correr de nuevo, gritando al aire:

Dirigiéndose a la biblioteca, todavía con el sol escondiéndose por el horizonte, Janie extendió los brazos, dando giros sin control por todo el sitio.

Se detuvo en seco, dubitativa y con la mirada enloquecida.

Luego observó sus manos, incrédula y boquiabierta.

-¿Monotonía? –

– ¿De verdad me parece monótona mi rutina diaria?-

Desviándose de su destino anterior, decidió dirigirse escaleras arriba, a la cafetería, ya llena de polvo otra vez, pero ésta vez era mayor la cantidad de pelusas, restos de comida, algunas sillas desacomodadas inclusive regadas por el suelo con mesas volteadas.

Abriendo con violencia innecesaria el refrigerador, reclamó.

Luego lo cerró con tremenda fuerza, que al pobre dejó tambaleando.
Pero Janie ni lo notó, pues ya estaba de camino al invernadero, donde entró intempestivamente, azotando las puertas de vidrio y estrellándolas.

– ¡Rayos! ¡Lo único que pido es algo de consideración! ¿Por qué he de festejarme yo sola?-

Entonces, Janie tomó cuantos frutos maduros encontró, los cuales eran muy pocos, pues la mayoría de las plantas estaban marchitas e inclusive podridas.
Ni siquiera se molestó en rociarles el fertilizante como de costumbre.

Luego se dirigió al sillón de la gran biblioteca, tumbándose con todavía más brusquedad que la habitual, haciendo crujir al pobre abusado mueble, que ya tenía un par de agujeros y resortes salidos, y más polvo que antes, pues el impacto levantó una considerable nube de polvo y migajas.

Janie no se preocupaba en lo más mínimo, ella devoraba sus alimentos como enajenada. Además, dejaba caer salpicones al mueble y restos al suelo, los cuales pateaba con desdén debajo del sillón.

Así, se quedó tendida, holgazaneando y mirando las motas de polvo volar alrededor cuando golpeaba el respaldo y pateaba el descansabrazos del sofá, claramente aburrida.


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Mary D Kidd

Mary D Kidd

Una misteriosa creativa dispuesta a dejar sus ideas salir y tomar control del mundo. Preparada siempre para innovar ;D

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