Capitulo 3 p. 1

Janie aprovechó el descuido del invasor que la observaba, ahora con su instrumento de tortura destensado lo suficiente como para que ella se pusiera en pie sin lastimarse más.
Luchaba por reincorporarse tras su caída, pero el marcado cojeo en su pie derecho hacía evidente que no había salido ilesa.

Ante tal reacción, el extraño se puso en guardia una vez más, volviendo a jalar carne con su arma.
Su presa no hallaba qué hacer con el intrusivo gancho de acero que se encontraba incrustado en el bícep derecho, suficientemente tensado para darle a entender que estaba bien aferrado, y que causaría más daño ante cualquier movimiento en falso.

Por el dolor, Janie volvió a caer apoyándose en una rodilla esta vez, tratando de no ceder más control a su adversario.
Sentía su herida gotear el líquido precioso que le daba vida, pero eso sólo le preocupaba medianamente.

Su mayor preocupación yacía en aquella criatura extraña que sobrevolaba su hogar. Era una especie de insecto centípedo, con 6 alas alternando en un veloz movimiento similar a un mosquito.

Flotaba con estática suavidad sobre el edificio de la Universidad, casi al grado de que pasaría inadvertido si no se le prestara atención; de no ser por el ensordecedor y agudo zumbido que emitía, posiblemente producto del movimiento de sus alas.

Tenía un cuerpo liso y pulido brillando con los colores de un prisma difractando la luz solar, de ese modo, cualquiera que intentara observarlo por mucho tiempo terminaría enceguecido momentáneamente, como Janie comprobó por si misma.

– No soy ajena a esta criatura, es la que siempre viene por las noches. Tan cerca, su zumbido es aún más sobrecogedor, inclusive aterrador.
Aunque ya me es familiar y eso me permite sobreponerme a la sensación, ya pasado el shock inicial, me doy cuenta que no me afecta tanto como supongo debería normalmente. Todo esto es un show para amedrentarme, ¿por qué lo hacen? ¿Cuál es el objetivo de infundir tanto temor? Al menos aun puedo pensar.
Aun así, su enorme tamaño es intimidante, casi tan alto como mi Universidad.-

Alrededor de Janie, el lugar se llenaba con rapidez de mal encarados individuos que descendían del misterioso monstruo volador, empleando cables de acero, como arañas a punto de atrapar a su presa.

Todos vestían el mismo uniforme de chaleco verde, pantalones negros holgados recogidos dentro de un par de botas del mismo tono verde que alcanzaba debajo de la rodilla, como protección para manipular sus armas, usaban gruesos guantes de cuero oscuro.

Janie estaba estupefacta, estática como ellos, los invasores que sólo se limitaban a amedrentarle con su presencia. Todos armados con más ganchos de carnicero que colgaban de una cadena y que algunos lo giraban con presteza, otros lo sostenían amenazantemente, buscando cualquier excusa para usarlos.
Justo como hizo el furioso portador del gancho que seguía incrustado al brazo de Janie brazo, negándose a ceder y aferrándose aún más.

Un jalón extra con extremo prejuicio mando a la habladora peliazul en dos rodillas hacia el suelo.

– Cabrón, no soporta unos chascarrillos… pero, ¿Qué opción me queda? –

Janie gritó a nadie en específico, su mirada buscando frenéticamente por alguien que le hiciera caso, pues todos los presentes guardaban silencio, algunos sonriendo con la anticipación de un predador.

Sentía el sudor frío recorrerle todo el cuerpo, su veloz respiración y leves temblores le decían que era más que el shock de sus lesiones lo que la afectaba.

– Mi voz suena tan apagada. ¿Será éste nudo en la garganta? Tengo la boca seca. ¿Qué? ¿Esto? No son mis manos temblando… ¡Es el dolor! Sí, eso. –

Aquel silencio se vio interrumpido cuando una voz femenina incorpórea le comandó.

-¡Qué rayos! ¿Porqué la voz suena tan puberta? ¿Está burlándose de mi? Qué profesional…-

Enfocando su atención a la nave invasora, Janie intentaba encontrar con la vista el origen de aquella voz burlona, sin éxito, estaba oculta.

En su estrés mental, Janie no notaba que sus manos temblaban con nerviosismo, incapaces de decidirse entre abrirse casualmente o cerrarse en puño.
Sus dientes chocaban entre sí, como si le invadiera un tremendo frío repentino, pero cuando Janie intentó abrazarse para cubrirse los brazos desprotegidos, sintió con desagrado el jalón del gancho en su carne.

Cuando Janie sintió el dolor renovado, apretó fuertemente los dientes, frunciendo el ceño mientras forzaba sus manos a cerrarse en puños llenos de seguridad.

– ¡No es momento para dejarme llevar por el miedo! Todavía no, en esta situación debo mantener la cabeza fría, como me enseñó el viejo… ¡El libro de mi bisabuelo! ¿Dónde quedó? ¡Tengo que encontrarlo! Eso es, debo distanciarme del dolor, ¡ocuparme en algo! Pero primero, debo deshacerme de estos invasores… salvar mi universidad… ¡mi pobre maltratada universidad!-

Convocando toda su fortaleza, Janie se balanceó un poco sobre sus pies, evaluando su situación.

– No se siente tan mal, al menos puedo mover mi pie aún. Sobreviviré, si consigo huir…-

Tras comprobar que su pie lesionado aun funcionaba, la joven dio un paso hacia atrás, en dirección a donde el gancho que la apresaba estaba tensado, buscando zafarlo un poco. Pero el invasor que lo sostenía lo jaló más fuertemente, asegurándose de que se mantuviera en su lugar.
Janie se quedó quieta, evaluando la situación.
Pero sus reflexiones se vieron interrumpidas por otra intromisión de la misteriosa voz en la nave.

Le advertía con tonos burlescos, evidentemente disfrutando su absurda intervención con tal potencia en su volumen, que invadía todo el sitio, y tan aguda, que hizo a Janie taparse los oídos en desagrado.

Aún así, y pese a las amenazas, Janie no pudo evitar soltar una risita, que desconcertó a su agresor.
Distraído como estaba, apartó su vista de su víctima, sorprendido ante un rayo luminoso que bajaba del monstruoso insecto volador e iluminaba a un radio de 2 metros alrededor de Janie.

Aquella nave extraña poseía una especie de cabeza, una cúpula frontal con brillantes ventanas reflejantes, que poseía una abertura con un par de tenazas gigantes apuntando directo hacia Janie; y en medio de ellas, surgía una esfera de luz que crecía más y más, como un globo inflándose y produciendo un sonido distintivo por encima del batir de sus alas.

– Es tan brillante que casi enceguece, y ese estresante ruido… es como el cantar de una chicharra. Primero el aleteo ensordecedor, estos barbajanes con sus ganchos y ahora esto. –

Janie notó que su cuidador estaba distraído, estupefacto ante aquella visión de la luz como para prestarle atención, el gancho destensado una vez más.

Sin pensarlo más, y alertada por aquella advertencia, Janie se tiró fuera del tejado.
Corriendo con todas sus fuerzas en dirección al invasor que la tenía enganchada, el cual sólo pudo reaccionar girándose y cayéndose al suelo por el empujón que le propinó la intrépida joven.

La caída era de unos buenos 30 metros, cosa que Janie no tenía calculada, así que hizo lo único que podía en su situación. Se aferró con una mano al gancho anclado a su carne.

La enceguecedora luz de antes desapareció y tras de sí pudo escuchar un explosivo disparo y el quebrar de madera y tejas. Mientras descendía, escombros del tejado le llovían encima; pero su principal concernimiento estaba en frenar su caída lo más posible.
Sabía que tarde o temprano, el dueño del gancho caería con ella y ambos morirían embarrados en el suelo que cada vez estaba más cerca.

Ya viendo más cerca el final de su caída, Janie cerró los ojos, resignándose a lo peor.

-Esto es todo… Hasta aquí llegué… Fue interesante mientras duró.. la libertad…-

Pero el impacto nunca llegó. Al contrario, a pocos metros del suelo, el gancho se tensó. Aunque aquello terminó por desgarrar del todo el brazo de la joven, frenó su caída, y aterrizó sin tanto peligro sobre el suave terreno de pastizales.

Thump!!

Janie comenzó a reir frenéticamente, agarrándose el brazo, pero feliz de haber conseguido huir.
Siguiendo a su aterrizaje, los escombros terminaron por salpicarle, saludándola de nuevo a la realidad.

Sientiendo por fin la magnitud de su herida, Janie se cubrió el brazo, dándose cuenta de lo inútil de aquello. Había tanta sangre que no alcanzaba a distinguir la lesión y decidió dejarla en paz por el momento.

-Esto no es algo que pueda curar con un curita. Tengo que huir y encontrar un médico… o mejor un hospital, si, eso será mejor…-

Janie buscó la forma de parcharse la herida temporalmente, sin mucho éxito, y sin tiempo para improvisar algo mejor, pues una conocida voz le advirtió de la amenaza al acecho.

Sin detenerse más a esperar, la sangrante muchacha emprendió su escape, corriendo hacia el mejor sitio que pudo pensar en el momento.

–Ese bosque de ahí, el conocido Bosque del Lobo Blanco… ¡Perfecto! ¡Así los podré perder!-


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Mary D Kidd

Mary D Kidd

Una misteriosa creativa dispuesta a dejar sus ideas salir y tomar control del mundo. Preparada siempre para innovar ;D

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